Especial de Navidad

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Especial de Navidad


Esta historia ocurrió en mitad de uno de los trayectos de los portadores de la materia blanca, aunque es una leyenda que suele pasar desapercibida por la gente debido a que no tuvo una gran influencia en el resto de sus grandes hazañas.

Se encontraban avanzando una vez más rumbo a la ciudad Zarcad, a la que tanto ansiaban llegar, pero por el camino se encontraron con uno de los cambios climáticos comunes en el continente del sur. De pronto el calor que les había agobiado durante todo el viaje se convirtió en un frío terrible y helado, comenzó a nevar y todo se cubrió de hielo y nieve. Convirtiéndolo todo en un hermoso paisaje blanco, digno de ver, aunque para los que avanzaban por él era una tortura debido al intenso frío y la dificultad para avanzar. El mago sacó lentamente una mano que tenía cubierta con la capa e hizo aparecer en ella una bola de fuego que les daba algo de calor y derretía el camino por el que avanzaban, haciéndolo todo más agradable.

Aún así no era suficiente.

No tenían previsto esos cambios y la ropa que llevaban estaba destinada a un clima templado o con un poco de frescor, pero no a esos extremos pues estaban a diez grados bajo cero. La única esperanza que les quedaba era desviar su trayectoria hasta un pueblo cercano al que, aunque estaba a casi un día de distancia, podrían cobijarse. Aceleraron el paso y avanzaron sin pausa, si anochecía posiblemente se convertirían en un montón de hielo a la mañana siguiente. Estuvieron avanzando a paso ligero hasta que por fin llegaron a un poblado, se la llamaba Polnor y estaba formado por unas veinte casas, todas de madera.

Ese lugar era conocido porque siempre tenían un clima invernal, aunque a sólo un par de kilómetros hiciera un calor infernal; por ello, los habitantes estaban bien preparados para el frío intenso que les rodeaba. Las casas se habían construido formando un semicírculo, de modo que el sitio era prácticamente una enorme plaza, y en el medio de esta, captando la atención de todo el mundo, se observaba un inmenso árbol dorado. Sus ramas eran afiladas y de ellas colgaban unas hojas que parecían agujas de colores brillantes. En torno a ese árbol había un grupo de cinco niños jugando alegremente cubiertos con unos espesos abrigos de piel. Un poco más alejados estaban unos cuantos adultos sentados en unos bancos, igualmente cubiertos con abrigos, dejando escasas partes con piel al descubierto. Pero lo que más llamaba la atención era que esas personas no eran sólo humanas, en ese pueblo la gente de razas muy diversas habitaba completamente en armonía y sin ningún problema, incluso había muchos híbridos.

Los portadores de la materia llegaron hasta cerca del árbol, muertos de frío, y comenzaron a notar una sensación de calidez, no física como alguien que lleva un abrigo, sino como si en el interior de cada uno se encendiera una pequeña llama. No era suficiente para sentirse completamente satisfechos, pero si para estar un poco mejor.

- Mirad. ¡Os dije que llegaría!- Se escuchó la voz de un niño a lo lejos. Todo el mundo miró en diversas direcciones hasta que pudieron ver que en la copa del árbol estaba un híbrido entre un minotauro y un mesmeriano, era muy similar a un mesmeriano, pero en su cabeza sobresalían unos pequeños cuernos que aún estaban en fase de desarrollo. El niño saltaba alegre manifestando su victoria.

En ese momento la rama en la que estaba apoyado quebró.

- ¡Luitán!- Gritó Romneo con firmeza y su compañero asintió.

El niño empezó a caer desde lo más alto de ese árbol ante la mirada aterrada de los observadores, pero cuando estaba a media altura una ráfaga azul hizo desaparecer al niño y unos segundos después estaba en el suelo sujeto por el necromeriano. La cara del chico estaba pálida y miró con sorpresa a sus salvadores. Observó un momento a su alrededor para ver a los siete, pese a que el que había hecho todo había sido Luitán. Se puso en pie y les miró más lentamente.

- ¿Estás bien chico?- Preguntaba el ladrón después de que el niño volviera en si.- No hace falta que me des las gracias ni…

- Así que unos ángeles me han salvado.- El niño se había olvidado completamente de los hombres del grupo y estaba observando a las tres chicas como si fueran las únicas que habían hecho algo. Luitán apretó los puños.

- Oye, que… he sido…

- Muchísimas gracias.- El muchacho hizo una reverencia ante ellas.- Podéis venir las tres a comer y dormir a mi casa si queréis.- Puede que el mérito no hubiera sido de ellas, pero que las halagaran así no les desagradaba y no podían llevarle la contraria a un pequeño. Además, tenían hambre.

Clouguel y Romneo se lanzaron a agarrar al ladrón que estaba dispuesto a deshacer lo hecho y destrozar al chico por su actitud. En ese momento un enorme minotauro, con una tupida barba y el vientre bien desarrollado, corrió hacia ellos.

- ¡Clinsey!- Gritó y abrazó al pequeño con lágrimas en los ojos. Después se giró decidido y se puso de rodillas ante el grupo.- ¡Muchísimas gracias! Si le pasara algo a mi pequeño no se qué sería de mí.

- De nada hombre.- Contestó Luitán más tranquilizado y sonriendo.

- El cielo ha mandado a unos hermosos ángeles protectores para que mi hijo no le pase nada. Podéis venir las tres a dormir y comer en mi casa si queréis.- La cara del ladrón se empezó a volver de un tono grisáceo por la respuesta y su rostro se distorsionó.

- Je. Parece que ya sabemos de quién lo aprendió el chico.- Comentó Romneo intentando quitarle hierro al asunto, pero sus ojos se expandieron cuando al girarse vio cómo el mercenario agarraba a Luitán, completamente enfurecido, con las armas desenvainadas y con aura de destrucción a su alrededor.- ¿Vas a rebasar el límite de los mortales otra vez?- Preguntó con terror.

Por suerte para todos, el intenso frío que sentían pudo tranquilizar al necromeriano y además, tras hablar un poco con el padre de la criatura, consiguieron que les dejaran descansar en la casa, además les consiguieron unas ropas más cálidas. Pese al inicio tan extraño que habían tenido acabaron llevándose bien con esa peculiar familia.

- Hace mucho que no veía a un necromeriano, de hecho no he visto ningún mesmeriano desde que la madre de Clinsey se fue.- Comentó el padre mirando a Luitán.

- ¿Qué le pasó?- Preguntó Areis apenada.

- Es complicado de decir.- Dijo el hombre inclinando la cabeza.- No podía soportar que yo, como soy un minotauro, sea un semental.

- Te mereces una paliza.- Contestó Airine con crueldad. Un enorme silencio invadió la mesa donde estaban comiendo todos.

Y el silencio empezó a volverse demasiado intenso.

- ¿Os quedaréis al festival del nacimiento estelar?- Preguntó el padre intentando cambiar de tema cuanto antes.

- Oh, Jonta siempre hablaba de ese festival. En su casa lo habían celebrado cuando era muy pequeño y a él le gustaba celebrarlo con nosotros.- Comentó el mago recordando con nostalgia.- Pero es verdad, donde surgió era aquí.

- ¿En qué consiste?- Preguntó Deine con curiosidad.

- Una vez al año, el árbol dorado da su fruto, y tiene la forma de una estrella enorme. Se realiza un sorteo y a cada persona le toca un ser querido al que tienen que hacer un regalo, luego todos se reúnen bajo el árbol y se lo entregan unos a otros.- Al niño se le iluminó la cara.- Nosotros ya hemos hecho el sorteo con nuestra familia, pero podríais hacerlo entre vosotros.- Afirmó sonriendo.

Se miraron unos a otros durante unos segundos, pensándoselo, pero muchos ya habían decidido, sólo había que ver las caras de Luitán y Areis para darse cuenta de ello. Definitivamente todos asintieron y comenzó el sorteo.

La mayoría tenía muy claro que si les tocaba regalarle algo al ladrón sería muy sencillo, pues cualquier cosa era capaz de hacerle terriblemente feliz, pero también sabían que quien recibiera un regalo de este se llevaría una buena sorpresa. Para sortear se depositaron todos los nombres en un sombrero y sacaron uno cada uno, sin decir a nadie cual. La última fue la princesa, no tuvo opción de elegir pero extrajo el último papel y al mirarlo lo rompió para que nadie supiera cuál era. “Me pregunto quién me regalará a mí” pensaba mientras miraba de un lado para otro esperando ver alguna reacción, pero todos guardaban el secreto con la mayor cautela posible, aunque una cosa tuvo clara, el necromeriano la miraba con una sonrisa muy sospechosa que era incapaz de reprimir. La chica soltó un suspiro y se puso de pie. Ese día no se verían entre ellos y lo pasarían buscando o creando los regalos que les harían a los demás.

Se volvieron a juntar cuando ya estaba bien entrada la noche, debían descansar, aunque algunos estaban muy ilusionados con el día siguiente.

- Espero que no intenten robar la estrella como el año pasado.- Comentó con tristeza el minotauro una vez su hijo se había dormido.- Sería un palo demasiado grande para ellos.

- ¿Qué?- Preguntó Clouguel sorprendido.

- La ambición es demasiado grande para algunas personas, y una estrella brillante de un tamaño así puede ser muy valiosa, así que roban la semilla antes de que se expanda y luego la preparan para comerciar con ella.- Explicaba cada vez con más tristeza.- El año pasado vinieron el mismo día de la celebración y pudimos echarles antes de que la robaran, pero prometieron que volverían esta noche para que nadie pudiera impedirlo. La gente tiene que dormir o mañana no lo disfrutaran.

- Tranquilos, dudo que se atrevan a venir, si se la llevan los buscaremos y les traeremos de vuelta.- Aseguró Areis transmitiendo una gran confianza al inmenso macho.

Después de conversar algo más se fueron marchando uno a uno a descansar para poder estar al cien por cien la mañana siguiente. Pero en mitad de la noche ocurrió lo que no querían.

Unos sonidos de pasos en la nieve se acercaron lentamente al árbol. Después los acompañaron los torpes pasos entre las ramas para alcanzar la cima donde ya se observaba la semilla donde brotaría la estrella. Eran tres ladrones, personas de pequeña estatura. Pero para su desgracia había un pequeño fallo en su plan.

- ¿No sois un poco pequeños para andaros con tantas tonterías?- Dijo una voz desde abajo junto a una casa.

Los tres hombrecillos miraron quién era su acompañante, esperando ver tras él a una horda de gente del pueblo. Sin embargo sólo estaba un joven chico de pelo largo cubierto hasta arriba de abrigo para no morir congelado. Estaba sentado en un banco con un pequeño fuego al lado.

- ¿Y tú no eres muy joven para estar despierto a estas horas?- Preguntó el que estaba más arriba.

- Por desgracia para vosotros.- Empezó a decir mientras se levantaba y el fuego se apagaba dejando únicamente la luz del árbol.- Yo nunca duermo.

Los hombrecillos se miraron entre ellos y comenzaron a reír a carcajadas. Él era solamente un hombre, uno que además daban por hecho que estaría destrozado por el sueño y además en lo que él subiera a cogerlos, ellos ya habrían bajado. Eran enanos de las nieves, los seres más codiciosos de todo el continente del sur, pero sobretodo eran famosos por su velocidad escavando y descendiendo. Podrían tirarse del árbol y escavar un túnel en un par de minutos, mientras que un humano tardaría bastante más en alcanzar la cima de ese gran árbol.

- Bueno, la gente necesita descansar y no quiero que os vean aquí, así que acabaré pronto.- El joven mago movió la mano derecha hacia atrás con fuerza y empezó a concentrarse.- ¡Fuego incrementado!- La enorme bola de fuego explosiva salió volando hacia los enanos lanzándoles por los aires con sus traseros ardiendo.

Unos segundos después explotó, cuando ya no estaba golpeando a los enanos y estos estaban en el suelo llorando a la vez que huían. Pero la explosión hizo que un montón de llamas cayeran, alguna encima del árbol. La cara de Romneo al ver eso fue de terror. Las afiladas hojas estaban ardiendo en llamas de diversos colores. Pero la sorpresa fue aún mayor para él cuando se fijó bien, esbozó una sonrisa y volvió a entrar en la casa.

Las hojas no se apagaban, pero tampoco se quemaba el árbol. Al despertar por la mañana la gente vio su árbol lleno de luces. Era absolutamente increíble y todos estaban muy impresionados, nadie sabía qué había ocurrido. Todo el mundo salió de sus casas, el frío no podía llegar a ellos, por alguna extraña razón el calor interior era suficiente como para sentirse cómodos pese a la baja temperatura. La gente rodeó el árbol, en el pueblo habitarían unas ochenta personas, más los portadores de la materia, y todos estaban observando con impaciencia la copa. Pasaron unos minutos, los niños eran incapaces de estarse quietos, querían ya dar y recibir regalos, pero la tradición decía que hasta que no saliera el fruto, no podían hacerlo.

Entonces ocurrió.

En la copa empezó a surgir una estrella dorada y brillante. En unos segundos ya estaba reinando la copa y transmitiendo más calor aún del habitual. Estando ahí, la impresión que tenías era que todo el mundo estaba en calma, no existía ningún mal, y te entraban ganas de ser mejor con los demás.

- Es muy hermoso, nunca había visto nada igual. Pero, ¿qué habrá pasado a las hojas? Parece que no fueran a apagarse nunca.- Afirmó Areis muy ilusionada mientras sacaba una bolsa donde guardaba su regalo.

- Este árbol es mágico así que supongo que dará calor y además podrá contenerlo. Es muy posible que nunca se apague.- Aseguró Airine.

- Bueno, así nadie subirá a por la estrella… ¿verdad?- Preguntó el mago buscando una escusa por el “incendio” que había preparado sin que nadie lo supiera.

- Pero es muy peligroso.- Empezó a decir Vonner muy seria y el dragón rojo empezó a empalidecer.- La persona que lo hizo tuvo suerte, pero también podría haber incendiado el árbol que tanto ama esta gente, o incluso el pueblo entero.

- Bueno. ¡Olvidémonos de eso! Toma Luitán.- Cambió de tema rápido antes de que alguien pudiera descubrirle y sacó de una bolsa una caja pequeña, de unos cincuenta centímetros, envuelta en un papel azul.

El ladrón miró a su compañero con sorpresa al descubrir que él sería quien le hacía el regalo. Moviendo las manos a una velocidad increíble, incluso para él, quitó el papel sin romperlo ni un poco. Abrió la caja y sus ojos se inundaron en lágrimas. Miró a sus amigos con una expresión de felicidad absoluta y de la caja sacó su regalo. Un barco volador en miniatura, hecho de piedra y pintado de los mismos colores que el suyo propio.

El joven necromeriano intentó hablar pero las palabras se le habían ido por completo. Esperaron unos momentos a que se relajara y sacó de una mochilita un paquete.

- Toma Vonner. Espero que te guste, me pareció lo mejor.- Comentó acercando el paquete a la princesa, que le miró con pánico. Estaba acostumbrada a los regalos que le hacían en palacio y pocas cosas podían ser como aquellos.

- Muchas gracias…- Abrió el paquete arrancando el papel y su rostro se distorsionó al ver un espejo redondo de bolsillo.- Un… ¿Espejo?

- Claro, eres una princesa, y a las princesas os encanta ver lo guapas que sois de manera constante, así que como llevamos mucho tiempo viajando sin que hubiera uno a mano quise conseguirte este. Para que te puedas comportar como una princesa.- El ladrón sonreía orgulloso de sus pensamientos mientras la princesa fingía una alegría. Acto seguido miró mal a Romneo, estaba claro que los comentarios del mago acerca del egocentrismo de la princesa habían calado hondo en Luitán.

- En fin, toma dragoncito.- Dijo Vonner lanzándole una bolsita.

El chico sorprendido la cogió en el aire y extrajo de ella unos guantes negros de una textura muy extraña por fuera pero muy cómodos por dentro. Se los puso y se sintió muy bien con ellos.

- Si sigues haciendo magias tan poderosas con guantes normales o al descubierto acabaras destrozándotelo todo. Estos son especiales para que puedas hacer magia con ellos.- Afirmó Vonner.- Pensé que serían útiles cuando los vi.- Restaba importancia, pero el mago era muy consciente de que algo como eso no se encontraba con facilidad en esos sitios, la princesa los había hecho para él.

- Muchas gracias.- Afirmó sonriendo sin dejar de mirarlos. Ella se sonrojó un poco pero después agitó la mano para que dejara de decirle esas cosas.

Airine dio un paso al frente y se señaló.

- Ahora voy a dar yo mi regalo.- Sacó una caja enorme, llegaba hasta la rodilla de la chica.- Es para ti Clouguel.

El mercenario se acercó, desconfiando al ver la extraña sonrisa de la chica. Lo abrió con precaución. Lo observó por todos lados y definitivamente se giró hacia la chica.

- ¿Qué es esto?
- Un pedestal.- Confirmó entre carcajadas.- Para que puedas subirte cuando quieras literalmente y no sólo de forma metafórica.- El mercenario la miró con muy mala cara y entonces dejó de reírse.- Es broma, tiene trampilla, ábrela.

De dentro del pedestal sacó una botellita con un antioxidante para armas pesadas y junto a ella había todo un kit de mantenimiento.

- Esto es genial, mi zamba necesita muchos cuidados para que no pueda volver a partirse.- Acto seguido se olvidó de todos los demás y empezó a “reparar” su espada sin dejar de sonreír.

El resto se le quedó mirando esperando a que se le pasara. Entonces se dio cuenta de dónde estaba y se puso de pie. Sacó una bolsa y se la entregó a Areis.

- Muchas gracias.- Sacó de la bolsa un librito.- Ala, increíble, es el libro de artes marciales de Zaraki, el gran creador de varios estilos. Pensaba que era imposible conseguirlo. Por un momento pensaba que me ibas a regalar ropa interior o algo así.

- Claro que no, vi esto y tuve muy claro que sería mi regalo.- Afirmó el mercenario alegrándose de no haber escogido su primera opción como regalo. Y no podía decirlo ahora que la chica estaba tan feliz.

- No puedo esperar más.- La chica extendió la mano entregando un paquete a Deine. Él lo recibió con una gran alegría, no le habría gustado que le tocara alguna de esas personas a las que decía considerar bandidos. Lo abrió con ansia y en su interior había unos guanteletes muy buenos.

El general se los puso sin decir nada, eran muy cálidos por dentro y se amoldaban perfectamente como si fueran unos guantes, pero duros como no había visto antes.

- Muchísimas gracias señorita Areis.- Dijo de corazón, aunque ella le miró mal por lo de señorita.- Ahora creo que el mío es el último- Sacó una cajita del tamaño de la palma de su mano.- Tenga señorita Airine.- Cogió la caja y vio en su interior una pequeña joya adornando un coletero.- Cuando salta tan alto el pelo se le mueve mucho por todos lados, así que creí que sería conveniente que tuviera algo para sujetárselo y al caer al suelo no cegarse.

- Gran idea, general.- Comentó poniéndose “muy seria” intentando imitarle en tono de burla.

Todos los regalos habían sido entregados y, aunque alguno había agradado más que otro, estaban contentos con el resultado. Empezaron a celebrar un gran festival con toda la gente del lugar. Empezaron a bailar, a comer, a reír… todos juntos. En ese momento Romneo se quedó parado unos momentos. “¿Cómo les irá?” se preguntaba con nostalgia, recordando todas las veces que había celebrado ese festival.

Mientras tanto, en otro lugar de ese mismo continente, en una llanura desértica, se escuchaba un gran alboroto ocasionado por tres personas.

- ¡Jonta!- Decía una chica sujetando una bolsa con fuerza.- ¡Me puedes explicar qué es esto!

- Pensé que te gustaría.- Contestaba desde una distancia prudencial y poniéndose tras otra chica intentando ocultarse.- A ver Sakiu, como te sentó tan mal que le diera uno a Romneo pues, supuse que echarías en falta ese sujetador. Por eso te conseguí otro. ¡Prande ayúdame!

La otra chica le miraba de reojo, dándole a entender que no tenía intención de hacer nada por ayudarle.

- ¡Hay veces que te mataría! Esto es algo muy personal.- Aseguraba intentando relajarse.- Puede que ni siquiera sea de mi talla.

- ¿Es por eso? Tranquila, lo comparé con otros tuyos y es igual- “Tranquilizó” inocentemente. Su compañera sonrió intentando disimular su ira.

- Claro, en ese caso…- Sakiu volvió a poner su cara de mal humor. La chica era muy buena siendo una amiga, pero no era bueno hacerla enfadar.- ¡Tormenta eléctrica!

- ¡Espera! ¿Por qué?- Gritó Jonta mientras corría. Sería uno de los magos más poderosos de Intelon, pero contra una amiga era incapaz de hacer algo.

La zona empezó a estallar cuando cientos de rayos fueron impactando tras el mago uno tras otro, destrozando la tierra.

“A mí aun no me han dado mi regalo.” Pensaba Prande intentando no interrumpir ese momento con su intervención.

De vuelta en el poblado Polnor, la fiesta se estaba tranquilizando poco a poco y llegaba la tarde. Todos se estaban sentando en los bancos o sacaban sillas de las casas.

- Yo me pregunto: ¿Por qué se celebra el nacimiento de una fruta en forma de estrella esta forma?- Preguntaba la princesa mirando sin cesar a la estrella.

- Veras, según me contó Jonta, la historia es así. Hace décadas el rey de…- El mago se paró un segundo mirando a Vonner y rectificó antes de poder ofenderla.- un reino desconocido, era famoso por su crueldad y avaricia. Todos sus ciudadanos tenían la obligación de darle el cincuenta por ciento de sus bienes sólo por vivir ahí. Sin embargo un año vino a este sitio, el día en que nacía la estrella, porque quería ver si era tan impresionante como decían. La magia del árbol hizo un efecto impresionante en él.- Todos escuchaban la historia muy intrigados, incluso algunos niños se acercaron para oírla, pues no lo sabían.- El calor que surgió en su interior le hizo ser tan generoso que según volvía para su palacio le entregó la mitad de lo que llevaba encima a una persona menos afortunada que pasó por su camino. Desde entonces, todos los años venía a ver el árbol y a la primera persona desafortunada que veía le entregaba una cantidad generosa de bienes. En su honor se hace el sorteo, y le haces un regalo a un ser querido que representa a esa persona al azar que se encontraba el rey.

- Vaya.- Suspiró Vonner sorprendida. El mago sonrió y dirigió una mirada al cielo.

- En un lenguaje antiguo, el día del nacimiento estelar, se llamaba nativios vícilir daday.- La mirada de Romneo se fijó en el suelo recordando.- Para los niños eso era muy complicado, y es para ellos para los que es más importante, por lo tanto se abrevió cogiendo parte de cada palabra. ¡Feliz navidad!

Sonrieron y se miraron unos a otros.

- ¡Feliz navidad a todos!- Gritaron al unísono con una gran felicidad.

4 comentarios:

Russianwhite dijo...

cómo mola! me encanta! Muchas gracias por aceptar la petición y superar mis espectativas como siempre! :3

Feliz navidad itoko! ^^

Romneo dijo...

Feliz navidad a todos los que siguen leyendas de intelon. Espero que os haya gustado el especial concepto de la navidad de este mundo :P.

SoWhat dijo...

Que chulo onichan! :D

Eärlindë dijo...

Cómo molaaa!!! Me ha gustado mucho... y llegó yo con mi friquismo de pseudo-historiadora (que en breve esperemos quitar el pseudo) a decirte que al principio con lo del nacimiento de la estrella y demás me ha recordado a la Fiesta del Sol Invicto romana xD

Y bueno... ya dejo de soltar la parrafada de turno... y FELIZ NAVIDAAAAAD!!!!^^

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