Sexto datado: Los asesinos de dragones // Primera Parte: La amabilidad de los asesinos de dragones (1)

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Romneo estaba asombrado al ver la masacre que se había provocado mientras él dormía y después observó a todos sus amigos, menos a Vonner, magullados y heridos en el suelo, prácticamente inmóviles. Alguno incluso presentaba heridas bastante graves como era el caso del general y Clouguel quienes estaban prácticamente destrozados por los golpes recibidos.

- ¿Qué ha pasado aquí?- Preguntó aterrorizado viendo que su puño había estado a punto de golpear a Vonner. Estaba empezando a ser mínimamente consciente de lo que había ocurrido ahí.

- ¿No recuerdas nada?- La princesa tenía curiosidad, pero estaba asustada también.

- No- Contestó el mago mirándose las manos temblando.

- Es muy largo de contar… es mejor que lo olvides. –Aseguró ella sonriendo aliviada al ver que todo había pasado. El inocente joven volvía a ser el de siempre y lo mejor era dejar lo ocurrido como una anécdota, algo que no estaban seguros de deber contar al confuso compañero.

- ¿De qué hablas? ¿Os atacaron esos bandidos?...- El chico apartó la mirada hacia el suelo esperando la cruel verdad.- ¿O fui yo? Se sincera Vonner. Yo no… ¿He sido yo el que casi os mata verdad?- Continuó preguntando cada vez más preocupado, con los ojos muy abiertos y llorosos.

- Pues sí.- Confirmó la princesa con una franqueza absoluta que llegó a clavarse en lo más hondo del corazón de su compañero.- Pero estabas sonámbulo, no tienes de qué preocuparte… no es culpa tuya.- Intentó animar, lamentablemente el rostro de su amigo sólo se iba llenando de amargura.

- ¿Cómo quieres que no me preocupe?- El dragón rojo estaba conmocionado, incluso más que aquellos que habían recibido el ataque. Cayó de rodillas en el suelo y unas lágrimas se deslizaron por su rostro por culpa de la impotencia que sentía en ese momento. No entendía nada, era incapaz de comprender qué había ocurrido, y tampoco cómo evitarlo.- Casi os mato. Podría haberos asesinado.- La princesa le miraba preocupada. Romneo pegó un puñetazo en el suelo.- Vosotros sois mis amigos, y podríais haber acabado como todos esos bandidos.

- No digas eso…- Vonner se puso de rodillas frente a él apoyando una mano en su hombro.- Vamos. Sabes que eres incapaz de hacernos daño, por eso te has detenido antes de golpearme.- Deslizó la mano lentamente y se acercó hasta abrazarle con el fin de poder animarle.- Eres una buena persona nunca matarías a nadie si no se lo mereciera.

- Vonner…- Las lágrimas se secaron de los ojos de Romneo, estaba muy sorprendido. Sabía que ese abrazo era un gesto de aprecio enorme así que se relajó y abrazo a la princesa.- Gracias.

- Vosotros.- Sonó una voz desde un par de metros.- No hace falta que os preocupéis por nosotros. - Decía irónicamente Luitán intentando levantarse tras el gran golpe del mago.

- Lo siento- Dijo Vonner soltando al mago rápidamente tras darse cuenta de que sus amigos no estaban en la misma situación que ella. Se levantó sin esperar un segundo y se colocó junto a los heridos para curarles con su magia blanca.

Tenían suerte de tener en el grupo a la, posiblemente, mejor curandera de todo Intelon.

Todos, o la mayoría, pasaron por una larga curación, hasta que en total tuvieron que detenerse unas cuantas horas. Descansaron hasta tener las extremidades nuevamente a pleno rendimiento y retomaron el camino hasta Greenspeck que estaba a apenas un kilómetro de distancia.

Estuvieron caminando sin ningún problema hasta llegar a las puertas de la ciudad. Había una muralla enorme, rodeaba completamente el sitio convirtiéndolo en una especie de fortificación, y en cada extremo de la ciudad había una gran puerta que se solía cerrar al anochecer, evitando que cualquier monstruo penetrara en la ciudad. Junto a la puerta había dos torres de vigilancia donde se iban turnando soldados y observar. Estaba claro que era un sitio muy preparado para un ataque, daba igual que pasaran años en paz, siempre estaban dispuestos para la guerra. Nada más entrar, había una calle principal rodeada de grandes edificios, era una ciudad próspera aunque no muchos sabían de dónde provenían esos beneficios estando tan alejada de todo. Siguiendo esa calle se llegaba a una plaza, una muy simple y redondeada donde se observaba la estatua de un dragón tallada en una piedra de un color rojizo. El dragón estaba atravesado por varias lanzas y un caballero se alzaba pisándole la cabeza contra el suelo en tono de burla y con un gran aire de superioridad. El mago miró con desprecio esa estatua y luego suspiró.

- Greenspeck… no ha cambiado absolutamente nada. Sigue dando tanto asco como la anterior vez que vine.- Comentaba Romneo mientras se apretaba la capa para que no se le notase el símbolo bajo ningún concepto.

- Oye no te metas con este sitio. Es mi ciudad natal.- Defendía Airine ofendida ante los insultos de su compañero. Todos la miraron muy sorprendidos ante esa afirmación, porque ninguno había oído hablar de ese sitio por parte de la chica.

- No es tu ciudad natal. Sólo vives aquí desde que tienes diez años. Y ahora que lo dices, ¿todos aquí son asesinos de dragones?- Preguntaba el dragón rojo mirando a su alrededor con mucha desconfianza.

Entonces todos se dieron cuenta de lo obvio, aunque la estatua lo había dejado todo bien claro. Esa ciudad era, sin lugar a dudas, el lugar donde se localizaba la base de los asesinos de dragones, y por lo tanto, era el hogar de Airine.

- Tranquilo renacuajo, saben que los asesinos habitan aquí pero la mayoría sólo son habitantes de la ciudad, gente “honrada” como dirían los de tu clase. Sólo los asesinos de dragones pueden entrar a la base. Por cierto…- La chica recapacitó seriamente, como si acabara de leer en su mente sus propias palabras.- me acabo de dar cuenta de una cosa. ¿Por qué sólo nos metemos con tu edad? Si Luitán parece mucho más pequeño que todos nosotros ahora que no tiene el maquillaje. En la posada donde, nos reunimos por primera vez hace tiempo, dijiste que la doncella era menor pero Luitán aparenta unos trece años si está al descubierto.

El joven ladrón la miró extrañado y después sonrió al ver que se creía que era realmente joven.

- Verás, los necromerianos vivimos más que el resto de los mortales, y envejecemos mucho más lentamente. En realidad tengo treinta años.- Todos, menos Romneo que ya se lo esperaba, se quedaron sorprendidos al descubrir ese dato. El que todos pensaban que era menor, y que se comportaba de manera más infantil, resultaba ser el mayor de grupo. Mayor incluso que el general.- Los necrorianos viven más de lo normal, y los mesmerianos tienen un proceso de envejecimiento más lento, lo que hace que viva unos quinientos años más o menos, y lo mejor es que cuando llegue a la edad en la que aparente treinta años no envejeceré mas físicamente hasta que muera. En el momento de mi muerte me pudriré automáticamente.

- Eres una caja de sorpresas Luitán- Le dijo Clouguel impactado.

- Jeje, bueno, es que soy único en mi especie y eso que somos pocos- Sonrió el ladrón orgulloso.

- Bueno, vamos.- Dijo Airine. Romneo la miró con desaprobación, preguntándose qué era lo que pretendía y hacia dónde iba a llevarles.

Después ella caminó hacia la estatua del dragón muerto y metió la mano en la boca del mismo. Esperó siete segundos antes de retirar la mano. Las lanzas empezaron a brillar con una gran intensidad creando siete haces de luz, cada uno golpeó en un miembro del grupo y, cegándolos a todos, hizo que se transportaran a una ciudad que se mantenía flotando sobre un mar de nubes a varios metros por encima de la ciudad de abajo. El sitio era un castillo enorme, pero a su vez en él se describían con total claridad las diversas casas donde vivían los miembros. Todo el lugar era blanco con las partes superiores azules y rojas, con cúpulas redondeadas pero acabadas en punta. Y podría verse por doquier la bandera de los asesinos de dragones.

- Increíble.- Dijeron todos, menos el dragón rojo, sorprendidos por la forma de llegar a la ciudad y por ésta en sí.

- Bah. Es mejor la de los dragones rojos.- Decía Romneo mirando hacia otro lado indignado por tener que pasar por esa ciudad sin motivo aparente.

- Cállate, si se enteran de que eres un dragón rojo antes de que avise al jefe de la razón por la que hemos venido, estamos todos muertos, ¿entendido? Así que más vale que mantengas cerrada esa boca tan grande que tienes.- Previno la asesina de dragones a su compañero antes de que pudiera meter la pata. Aunque la verdad es que estaba preocupada por él, porque sabía que si le pillaban ahí, sería una gran celebración, que finalizaría con la ejecución del mago.

- ¿Y por qué hemos venido a esta dichosa ciudad? Sólo estábamos en Greenspeck para atravesar la muralla y llegar hasta Zarcad… con lo que me costó llegar a Midiria sin tener que pasar por aquí y ahora nos paramos.- Se quejaba el mago completamente indignado.

- Mira Romneo, está a punto de hacerse de noche así que la pasaremos aquí y ya has decidido tú el camino hasta ahora, pero yo también tengo derecho a visitar mi hogar si pasamos enfrente. Aún no hemos atravesado las puertas de entrada a la ciudad así que tú espérate aquí, tápate bien el dragón rojo y procura no llamar la atención. – Ordenó Airine- Nosotros iremos a hablar con el líder para que nos deje pasar la noche, será la primera vez que dejen entrar a un dragón rojo. Deberías estar agradecido. El mago le dirigió una mirada de indiferencia.

- Qué gran honor… Está bien, esperaré- Dijo Romneo.- de todas formas no necesito quedarme, no puedo dormir.

Airine y los demás entraron en la ciudad mientras Romneo esperaba sentado a las puertas cerrándose la capa por completo para que nadie viera el símbolo de su pecho, tenía suerte de no ser un miembro muy famoso de la orden y que no tuvieran ya todos sus datos, porque entonces sería inútil ocultar el símbolo. La chica fue guiando a los demás hasta una especie de ascensor que hacía que se tele transportaran hacia el último piso del edificio central, que era el más grande de la ciudad y que parecía ser el más importante, donde se encontraba el líder y las zonas de entrenamiento. El último piso era una habitación enorme, llena de pantallas desde las que se veía toda la ciudad, desde la entrada hasta los rincones más ocultos de la misma. Dentro de la sala había un grupo de asesinos de dragones y en medio estaba el líder sentado en un trono inmenso haciendo que destacara más aún su gran tamaño e imponente figura.

- Señor- Decía Airine poniéndose de rodillas ante él e inclinando la rodilla en signo de sumisión.

Este era un hombre de gran melena negra que se asomaba bajo un yelmo con la forma de un cráneo de dragón, posiblemente porque perteneció a un dragón antiguamente, su cara estaba cubierta por una tupida barba que le llegaba hasta el pecho del mismo color de su pelo. Se podía ver con facilidad que se trataba de alguien musculoso y su aspecto era muy similar al de bárbaro, ya que toda su ropa era de piel de dragón, manifestando sus logros en la caza de los mismos y que el nombre de ese clan no era algo metafórico. Pero su mirada inspiraba inocencia, como si fuera incapaz de herir a alguien inocente. En sus manos sujetaba una gran lanza azul, llena de grabados en espiral y con la punta negra.

Hizo un gesto con la mano para que la chica dejara de postrar ante él, no un gesto de superioridad, sino un movimiento que dejaba claro que aquella actitud no era necesaria.

- Airine, cuánto tiempo ha pasado desde que partiste en busca de…- Decía el líder con alma, pero paró de hablar y se quedó mirando fijamente el brillo en el pecho de Areis y unos segundos después reconoció a la princesa de Midiria. Quedó muy impresionado cuando fue consciente de las compañeras que había traído.- ¿Qué ha pasado con la materia blanca?

La chica le comenzó a contar todo lo ocurrido con la materia cuando ella estaba a punto de obtenerla. Finalizó explicándole que necesitaban pasar la noche ahí y que el dragón rojo que viajaba con ellos era el muchacho que se había quedado en la entrada. El enorme asesino de dragones miró a la chica con gran sorpresa y algo de desaprobación.

Durante ese tiempo Romneo seguía esperando en la entrada con gran impaciencia.

- Por Agni, qué calor hace aquí, parece una sauna…- El mago se quitó la capa mientras se hablaba a sí mismo. La temperatura de esa zona era muy alta para estar abrigado con una capa.

Una hora después de que se quitase la capa todavía no había vuelto nadie, aún estaban contándole todo al líder. En ese momento aparecieron por el transportador dos asesinos de dragones hablando y riendo, posiblemente hablaban de sus hazañas y los acontecimientos ocurridos durante su última aventura. Los asesinos de dragones solían ir en grupo para apoyarse mutuamente.

- Sí, esta misión ha sido bastante… - Los dos asesinos se quedaron mirando a Romneo unos instantes. Al principio su expresión fue de sorpresa por ver a alguien nuevo por ahí, pero enmudecieron al observar su emblema al descubierto. El chico se quedó sin saber cómo reaccionar al ser descubierto. Se quedaron inmóviles, impresionados de ver a un enemigo dentro de su base. ¿Cómo era posible que aún no le hubieran atacado? – Tú eres… un dragón rojo…

- Esto…- El joven enmudeció, intentando buscar alguna excusa, aunque aparentemente no había solución. Pensó durante unos instantes que contestar, pero fue consciente de que cualquier excusa sería inútil.- Sí.- Afirmó con firmeza tras soltar un suspiro.

- Un momento… ¿Romneo?... ¿Romneo Seifka?- El asesino de dragones de la derecha se le quedó mirando como si le sonara de algo. Su rostro se volvió pálido al ser consciente de quién era el invitado.

- Sí. ¿Cómo…? Espera, yo a ti te conozco. Tú eres Wed.- Dijo Romneo sorprendido al ver que conocía a ese asesino de dragones en particular. Algo que en ese momento no le convenía en absoluto.

- ¿Quién es?- Preguntó el otro asesino.

- Disculpa, se me olvidaron las presentaciones, este de aquí es Romneo Seifka, un dragón rojo con el que me encontré hace unos meses en las afueras de la ciudad.- El asesino de dragones apretaba los puños con ira a medida que iba avanzando la historia.- Se dirigía a Midiria, creo, y me comentó que necesitaba ayuda para llegar al otro continente. Yo le acompañe porque evidentemente no fui consciente de que era un asesino de dragones y le dejé marchar. Se burló de mí, porque por sus últimas palabras deduzco que él sabía que yo era un asesino de dragones. Sólo me necesitaba para poder atravesar la muralla, ya que no suelen dejar de pasar a los dragones rojos con mucha facilidad y su otra opción sería hacer un recorrido de varios días bordeándola. Fue muy astuto.- Los ojos de Wed se colmaron de una ira sedienta de sangre.

- Jeje. Es verdad, ya no me acordaba de eso, me fuiste de gran ayuda. Pude llegar hasta Midiria sin problemas en el tiempo necesario y sin pasar por esta ciudad.- Se burló Romneo con una sonrisa de oreja a oreja, como si hablara con un gran amigo en vez de con un enemigo que ansiaba matarle.

- ¿Y qué es lo que te dijo según se marchaba para que supieras que se había burlado de tal manera de ti?- Preguntó intrigado el otro asesino mirándolos con curiosidad pero entendiendo la cólera de su compañero.

- Verás. Le acompañé hasta el puerto y allí cogió un barco. Me quedé para despedirme de él y según se alejaba me dijo: “Gracias por tu ayuda, me ha sido muy útil, nunca olvidaré este favor. A cambio te diré que hay dragones que no serán tan fuertes, pero su inteligencia hace que no puedas darles caza aunque los tengas ante tus ojos. Los dragones hábiles como esos son los peores. Adiós, y nunca olvides que los dragones pueden huir sin ser vistos a pesar de su tamaño.”- El asesino de dragones recordaba cada palabra de aquel momento, y cada una que salía por su boca le provocaba una vergüenza horrible.- Al principio quedé algo confuso porque no entendía lo que quería decirme, hasta que estaba muy lejos y llegue a la conclusión de que esos dragones tan astutos existen. Él es uno de ellos, que no sólo se ocupó de huir, sino que encima aprovechando que no sabía quién era, le ayudé.- Gruñía Wed furioso mientras sacaba su lanza.- Pero me parece que la cosa acabo mal, según he oído se te busca y cometiste el error de volver por aquí después de todo. Su recompensa es enorme así que Brad…Vamos a por él.

- Si es lo que queréis… - Romneo se levantó desenvainando su espada y puso una pierna delante de la otra con el arma en la mano derecha, a la altura de la cintura, y deslizó el brazo izquierdo frente a su pecho con la mano colocada en forma de garra cargando una bola de fuego.- Estoy listo.


9 comentarios:

Russianwhite dijo...

Te lo he dicho por el msn pero bueno...

Impresiones del capítulo:

Primera parte: T______T qué potito!
Segunda parte: flojeras! (pero es normal, si siempre hubiera emoción, nos petaría la patata)
Tercera parte: ñaaaaaaaaa! quiero más!!! >.<

Eärlindë dijo...

Lo que digo siempre... molaaa!!! *_*

Y en cuanto al comentario de Natalia de la segunda parte... si siempre hubiera emoción la emoción se perdería... así no sabes cuando puede haber o no emoción^^ xDD

Y a la tercera estoy de acuerdo... quiero máaaas!!!! ¬¬ xDDDD

P.D. de la primera parte ya sabes lo que opino xP

Russianwhite dijo...

pero yo no! xD

Eärlindë dijo...

xDDDD Pues deberías saberlo... que no es tan dificil de suponer... xDDD

Romneo es mio >.<

xDDD

Romneo dijo...

no te pongas celosa q solo es un pj xD

Eärlindë dijo...

me da igual ¬¬ Romneo es mío >.<

Y ya sé que es un personaje, si no ya habrías muerto xDDDD

Eärlindë dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Russianwhite dijo...

Romneo no es tuyo!

Omar es tuyo, pero Romneo no!

Eärlindë dijo...

Omar es mío, y Romneo también >.<

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