Sexto datado: Los asesinos de dragones // Primera Parte: La amabilidad de los asesinos de dragones (2)

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Los dos asesinos de dragones cargaron contra él y empezó el combate. Romneo se basaba en esquivar y defenderse de los golpes de ambas lanzas mientras ellos intentaban golpear con movimientos muy coordinados. Eran capaces de golpear prácticamente el mismo punto sin entorpecerse mutuamente, pero el dragón rojo era más ágil que ellos si estaba a la defensiva.

- Je… Tenías razón. Hay dragones muy astutos, pero tal y como dijiste no son tan fuertes como los otros.- Comentaba sonriendo Wed seguro de su victoria en una situación como esa.

- Puede que en eso te mintiera- Decía el dragón rojo mientras hacia un ataque que echó atrás a los dos asesinos de dragones, después agarró la lanza de Brad y la apretó fuerte con su mano ardiendo - Y una cosa más, dile a tu amigo que no use lanzas de metal con un mago. ¿No os enseñan nada?

- ¿Por qué?- Preguntó el incauto asesino sin comprender nada.

En ese momento su compañero se dio cuenta pero era demasiado tarde para impedirlo.

- Porque los dragones hacen ataques de fuego y rayo. Ahora tu lanza es conductora del calor.

El pobre asesino de dragones observó la palma incendiada de su rival y de pronto la lanza se puso al rojo vivo debido al calor. Este no pudo aguantarla más en sus manos pese a que lo intentó, pero el dolor producido por el calor que desprendía le obligó a dejarla caer al suelo. Después empezó a gritar de dolor y huyó en busca de un pozo con agua para aliviarse. Entonces el enfrentamiento se volvió un uno contra uno.

- Ahora sólo quedas tú, Wed.

- Tranquilo. Mi lanza es de un material único, no se rompe pero resiste el calor, se conoce como acero sin elemento.- Levantó la lanza con orgullo dejando ver que evidentemente su textura no era la de un metal normal, era más similar a una piedra la punta estaba muy afilada.- Casi todos los asesinos de dragones tenemos una así, pero este es principiante y tenía una normal.

- Está bien, sigamos.- Romneo dio fin a las negociaciones amistosas y siguió el combate.

Ambos se centraron en el daño físico, moviendo las armas con una gran agilidad, el asesino de dragones era capaz de igualar los movimientos que hacía su rival pese a utilizar una lanza e impedía que este pudiera concentrarse en realizar un conjuro. El mago estaba resintiéndose poco a poco, la fuerza y agilidad de su rival iban aumentando, era una de las mejores habilidades de algunos asesinos, el mejorar sus capacidades físicas mediante magia. En ese momento decidió que había llegado la hora de terminar con el enfrentamiento.

La lanza descendió haciendo un semicírculo, dispuesto a partir en dos al dragón rojo, aparentemente le había cogido completamente desprevenido. La espada estaba apuntando hacia el suelo, sin intención alguna de elevarse y detener a su agresor. Fue en el último segundo en el que se observó una reacción defensiva. Romneo se apartó, dejando que la lanza casi le rozara, lanzó su arma al suelo haciendo que se clavara enganchándose a la lanza de su oponente de forma que era imposible moverla. Después, en menos de un segundo se colocó a apenas un palmo de distancia de su rival.

- Trágate esto.- Dijo dejando la mano derecha atrasada concentrando un hechizo.

- ¡¿Qué?!- Gritó Wed sobresaltado y preocupado al ver lo que le podía ocurrir.

- ¿Es que no lo sabes? Los dragones… ¡Escupen fuego!- El mago sin dudarlo acercó más la mano al estomagó del asesino para que éste recibiera el impacto con mayor intensidad, llegando incluso a apoyar la palma en su cuerpo.- Fueg…

- ¡Alto!- Sonó una voz potente tras ellos, capaz de hacer que todo se detuviera en el momento exacto y dejando un sepulcral silencio tras ese sonido.

Ambos miraron tras ellos, donde se encontraba el líder de los asesino de dragones junto a los amigos de Romneo. El mago miró al líder con el rabillo del ojo y después dirigió una vez más la mirada hacia su indefenso rival.

- Estamos en medio de una crisis mundial y vosotros os estáis peleando, en estas circunstancias no debe haber rivalidades entre clanes.- El mago seguía desconfiando y continuó cargando la bola de fuego.- Por favor, detened el combate. Ahora los dragones rojos serán bienvenidos, al menos este dragón rojo lo es.

Romneo y Wed se dirigieron una última mirada de rencor pero por fin llegó la calma. Se apartaron lentamente, sin bajar la guardia y después cogieron sus armas del suelo, el dragón rojo lanzó su bola de fuego al cielo para deshacerse de ella puesto que estaba muy desarrollada para absorberla de nuevo y después guardó su espada en la vaina.

- Está bien, tienes razón Plabios, no debemos enfrentarnos entre nosotros por el momento. Y si las leyendas son ciertas, más vale que trabajemos en equipo para poder acabar con la crisis.- Comentó el chico mientras todos le miraban sorprendidos, en especial los asesinos de dragones, al ver que tuteaba y hablaba por su nombre al líder que tanto respetaban y ante el que Airine se había arrodillado un momento antes.

El líder se le quedó mirando con mala cara cuando escuchó su nombre, le había parecido algo ofensivo y muy descarado, pero su rostro cambio y se volcó en una carcajada.

- Vaya. No sabía que supiera mi nombre señor Seifka, pero me parece que aún no hay confianza para que nos tuteemos.- Comentó el asesino de dragones mostrando una sonrisa amable.

- Ni tampoco el respeto para llamarnos de usted, Plabios. Así que háblame como quieras y yo te hablare de tú.- Dijo el mago sin dejar de mirarle a los ojos mientras él intentaba mantener su buen humor.

- De acuerdo Romneo, en ese caso haré lo mismo. Si no es mucho pedir, cenaréis en mi casa y dormiréis también allí después de contarme todos los detalles de vuestro viaje.- Ofreció amablemente.

- Mm.…-Dudaba Romneo a quien no le transmitía demasiada confianza tal, en su opinión, exceso de amabilidad.

- Por supuesto que nos quedamos.- Afirmó Airine muy segura mientras daba un golpe en las costillas a su amigo para que se callara. - Señor, iremos a su casa cuando quiera.

El inmenso hombre sonrió y asintió con aprobación mientras le indicaba el camino con el brazo. Poco tiempo después, Romneo y los demás llegaron hasta la casa Plabios haciendo un recorrido por la ciudad flotante hasta el lugar más grande que había, que evidentemente estaba decorado con escenas de dragones asesinados o con restos de algún dragón.

Durante la cena le contaron todas su aventuras al líder de los asesinos, quien escuchaba con gran atención, aunque el mago estuvo callado todo el rato salvo para impedir que algún detalle fuera contado, en especial las escenas donde alguno de los miembros del grupo había rebasado el límite de los mortales. Comieron todo un banquete les habían preparado los sirvientes del líder, compuesto por todo tipo de platos imaginables. Después de unas cuantas horas disfrutando de los beneficios de la estancia, llevaban sin comer bien desde que el viaje comenzó, decidieron irse a dormir, donde también agradecieron el haber llegado ahí, pues no habían estado en unas camas tan cómodas como aquellas que ni se acordaban, de hecho algunos nunca habían visto unos colchones tan confortables.

En apenas un minuto estaban dormidos, todos menos Romneo que se quedó vagando por el castillo sin dejar de quejarse en su mente por esa horrenda decoración, pero aparentemente él era el único que tenía quejas por su anfitrión. Estuvo buscando algo con lo que entretenerse durante un par de horas, hasta que pasó por delante de una puerta y se detuvo al escuchar al líder de la orden rival hablando con su compañera Airine. Aunque sabía que no era lo correcto se quedó con la cabeza pegada a la puerta para escuchar la conversación, pero sus esfuerzos por intentar ver lo que ocurría en su interior, fueron inútiles.

- Es un placer estar en casa de nuevo.- Afirmaba con alegría la chica con una sonrisa.

- Este siempre ha sido tu hogar, pequeña.- Contestaba mirando hacia la pared.- Desde el día que descubrimos tu don como asesina y te trajimos para que te entrenaras, siempre, e incluso antes. Este siempre es el lugar al que has pertenecido.

La chica realmente estaba contenta de haber vuelto a su casa, para ella ese lugar representaba mucho, mucho más de lo que había representado la base de los dragones rojos. Realmente aquí se sentía una más, como si fuera una gran familia, por mucho que su padre fuera el líder de los dragones rojos.

- Bien, Airine, veo que habéis vivido muchas aventuras para llegar hasta aquí, supongo que habrás estrechado lazos con esas personas tan extrañas ¿verdad?- Comentó el líder, aun evitando mirar a su subordinada.

- Sí señor, hemos vivido muchas cosas juntos.- Contestó Airine muy feliz.- Puede que al principio estuviéramos reacios a viajar juntos, pero se puede decir que nos hemos convertido en grandes amigos.

- ¿Ah sí?- Preguntaba mientras se daba la vuelta para lanzar una mirada fría a los ojos de Airine.-...Quiero que les mates.

- ¿Qué?- Esa orden tan repentina se había clavado en el corazón de la chica y la había dejado petrificada. Nunca se habría esperado eso, para ella su líder era alguien respetable y un gran hombre, alguien que nunca ordenaría algo así a la ligera.- No… no lo entiendo.

- Recuerda lo que nos hicieron a los asesinos de dragones, no puedo consentir que los perdones sin más. Quiero que mates a Romneo Seifka, Clouguel Trike, Luitán Ritcral y Paldran Deine.- El líder hizo una pausa. Se veía que estaba furioso y que tenía un gran rencor hacia cualquiera que no fuese miembro de su orden.- En cuanto a Areis Grain y a Vonner von Eismench, tráemelas vivas. Quiero tener en mi poder la materia blanca para dar fin a ese enfrentamiento entre nosotros y los dragones rojos. ¡Quiero demostrar lo superiores que somos!

- ¿Cómo puede pedirme eso? – Preguntó indignada Airine ante la petición de su líder.

- Es simple o les matas o di adiós a los asesinos de dragones.- Amenazó el líder intentando dejar a la chica entre la espada y la pared.

- ¿Sí? ¿Pues sabe que le digo?- Ella se agarró la capa y, tirando de ella, se la arrancó haciendo desaparecer de su ropa el símbolo de los asesinos de dragones.

- ¿Esa es tu decisión?

- Sí, en el fondo estaba harta de sus estúpidas órdenes y de este grupito.

- En ese caso en cuanto amanezca marchaos de aquí, y no vuelvas si no es con sus cadáveres. ¿Entendido?- Dijo Plabios autoritario pero intentando mantenerse calmado.

- De acuerdo.

Romneo, que había escuchado todo pese a no ver nada, se marchó de ahí antes de que la chica pudiera ver que les había espiado. Airine salió de la habitación dando un portazo. Se fue a dormir con los demás, tras preparar todas las cosas para el viaje, y a la mañana siguiente los despertó a todos a primera hora, tenía que hablar con ellos, debían estar advertidos de cuál era el plan del líder de los asesinos de dragones. Una vez estaban todos despiertos y listos para salir, todos menos Romneo, la chica quiso que fueran rápido, debían encontrar al mago antes que sus “compañeros de orden”.

- Chicos debemos irnos rápido de la ciudad, aquí…-Decía Airine desesperada, intentando ser los más breve posible, pero un grito detuvo la conversación.

- ¡Airine!- La voz provenía de la cima de una pequeña torre junto a ellos, Romneo estaba furioso sobre ella con la espada desenvainada apuntando al suelo y unas nubes tenebrosas que se acercaban detrás de él. Dirigió una mirada de odio hacia su compañera y la señaló con el filo de su arma.- ¡Has osado intentar traicionarnos después de que depositamos nuestra confianza en ti! ¡No te lo perdonaré!


4 comentarios:

Russianwhite dijo...

No entiendo el final! Romneo escuchó todo! >.< por qué se pone así con Airine? >.<

Romneo dijo...

Se que la cosa ha quedado muy descolgado y confuso xD. Pero en el proximo capítulo se entendera todo. Solo dire que todo depende de la perspectiva :P

Russianwhite dijo...

menos mal que yo ya tengo el próximo capítulo en mis manos (H) los demás se van a joder y esperar xDDDDDDDDDDDD

Eärlindë dijo...

muerete Natalia ¬¬ eso es juego sucio ¬¬

Arrrghhh Omaaaaar!! quiero más yaaaa!!! ¬¬ xDD Eres cruel... (lo peor de todo es que este no era con el que nos iban a entrar ganas de matarte, no?? xD)

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