Sexto datado: Los asesinos de dragones // Segunda Parte: Locura (1)

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Romneo se alzaba sobre el edificio mirando hacia los demás con una expresión despiadada de odio hacia Airine, nunca habían visto al mago tan enfadado. Ella se quedaba perpleja ante las acusaciones de su amigo. ¿Por qué decía eso?

- Escúchame, te equivocas, rechacé sus órdenes y abandoné a los asesinos dragones para no dejaros a vosotros. – Decía desesperada mirando fijamente con ojos llorosos al mago pero la semilla del odio ya estaba plantada y era imposible detenerla. Las palabras no podían llegar a Romneo.

Él estaba seguro de lo que había escuchado, no era consciente de los gestos que había hecho la chica y desde su punto de vista la respuesta había sido positiva.

- ¡Mientes! Airine, escuché toda la conversación. No puedes engañarme, ahora cállate. Deja que mi sable y tu lanza hablen por nosotros.- Decía con firmeza el enfurecido chico haciendo un movimiento amplio con su espada y se preparaba para atacar.

- Romneo, está bien, espero hacerte entrar en razón. Ya sea de una forma o de otra.- Airine sacó su lanza y se colocó a la defensiva pero no con tanta seguridad como su rival.- Lo siento mucho… no quería crear esta confusión…

- ¡Cállate de una vez!- Cortó Romneo antes de saltar desde la torre con la espada agarrada tras la cabeza.- Luchemos ya.

Según caía aprovechó para hacer un amplio movimiento de ataque que Airine bloqueó con el asta de su lanza. Pero los golpes a ese punto se repitieron una y otra vez, aunque sabía que eso no conseguía herirla de ninguna manera. Siguió insistiendo hasta que la fuerza de los golpes hizo que ella cediera y comenzó a echarse atrás. Poco a poco iba retrocediendo incapaz de hacer nada.

El resto del grupo no sabía qué hacer, no parecía que la chica quisiera traicionarles, pero en ese momento meterse en medio sería un completo suicidio para el que lo hiciera.

- Está intentando partir la lanza- Comentó Clouguel inquieto ante la actitud de su amigo.- Parece que Romneo no se echará atrás, quiere matarla.

- ¡Romneo detente! ¡Ella no ha hecho nada!- Intentó disuadirle la doncella muy preocupada.

- Es cierto, deténgase ahora mismo.- Ordenó el general muy serio deseando que el mago le obedeciera como si estuviera bajo su mando.

- Callaos- Dijo el dragón rojo- no interfiráis, esto es algo que Airine y yo tenemos que solucionar entre nosotros. Quizá estábamos predestinados a esto desde que nos abandonaste.

Romneo estaba firme frente a la ex-asesina de dragones mirándola de una manera que nunca habían visto en el dragón rojo era como si tuviera llamas en los ojos. Ella se colocó en posición de ataque, la única solución que veía era hacerle entrar en razón con la fuerza. Él hizo lo mismo, se puso con un brazo preparado para lanzar conjuros en cualquier momento y el otro bajo la cintura con la espada, una pierna se encontraba más adelantada que la otra y estaba inclinado hacia adelante, pretendiendo conseguir una mayor velocidad. Se mantuvieron en esa posición, mirándose fijamente a los ojos, con paciencia. Esperaban a que el otro diera el primer paso, a que tuviera la iniciativa.

La mayoría de los presentes ni siquiera se había dado cuenta, pero unas extrañas nubes se alzaban tras el mago, cubriendo el cielo y volviéndolo completamente negro. Nadie le dio importancia, sólo eran nubes de lluvia.

El grado de concentración que habían alcanzado era tan elevado que podían escuchar la respiración del otro, cualquier ínfimo movimiento. El combate prosiguió, con el sonido de un pie rozando la tierra. La chica había tomado la iniciativa impulsándose en el suelo con fuerza, en un segundo saltó hacia él para poder atacarle al aprovechar ese impulso. El mago la miró con cada vez más ira, estaba bastante preparado como para prever ese movimiento. Colocó la palma de su mano izquierda apuntando hacia ella y esperó a que estuviera cerca.

-¡Rayo!- Gritaba el dragón rojo.

La chica esperaba ese conjuro, era la entrada que hacía Romneo cada vez que habían luchado y, como ya había dicho la primera vez, una vez conocida la estrategia no tenía misterio alguno. Movió la lanza hacia arriba, para recibir el rayo con ella y utilizarlo a su favor.

Pero el rayo no cayó del cielo.

La chica estaba completamente desprotegida, así que él se acercó a ella, apoyando la mano en su vientre mientras aún caía. Un rayo brotó de la mano en vez de salir del cielo. Airine no tuvo tiempo de cubrirse y recibió un impacto muy potente que hizo que saliera disparada. Imparable, atravesó la puerta de una especie de túnel cercano desapareciendo de la vista de todos.

- ¿Qué te ha parecido? ¡Quizás ha sido demasiado para ti, traidora!- El dragón rojo fue corriendo, entrando en el túnel para perseguir a su adversaria, a la que no tenía intención de perdonar.

- ¡Detente!- Gritó la princesa, completamente desesperada, mientras todo el grupo iba a toda velocidad para seguirles. En ese momento vieron a Romneo un segundo, pero cuando iban a alcanzarle una bola de fuego dio en el techo haciendo que se derrumbara impidiéndoles el paso.

- Os he dicho que no interfiráis- Sonó su voz desde el interior del túnel alejándose a gran velocidad.

- Maldita sea. ¡Ha perdido completamente el juicio!- Gruñía Clouguel intentando quitar el montón de rocas que les impedía el paso, pero era completamente inútil, el derrumbamiento había sido demasiado grande.

- Tenemos que impedirle que se maten por un error estúpido.- Decía preocupada Areis mirando a su alrededor buscando una salida.

- Tiene razón, tenemos que buscar alguna otra entrada, un pasadizo, cualquier cosa pero debemos darnos prisa.- Decía Vonner mirando a un lado y a otro sin parar.

Pasaron unos segundos sin saber qué hacer, no podían pedir ayuda a los asesinos de dragones y ellos no conocían el lugar. Era demasiado laberíntico para ponerse a buscar sin rumbo una entrada al otro lado del túnel, más teniendo en cuenta que no sabían que había al otro lado. El necromeriano llevaba un rato pensativo y por fin se decidió a reaccionar.

- Yo me encargo.- Aseguró Luitán mientras le crecían unas garras muy afiladas de las manos. - Estoy aprendiendo a controlarlo desde hace un tiempo.

- Gran idea.- Observó Deine impresionado, esperando a que el necromeriano se pusiera manos a la obra.

- Lo sé… ¡Aceleración!- Luitán hizo su habilidad para aumentar su velocidad, saltó y comenzó a correr por la pared como si fuera un tigre corriendo por la selva. Iba a cuatro patas clavando las garras para no caer.

Rodeó el túnel a gran velocidad llegando enseguida a su destino, un edificio enorme. Subió hasta el techo de este observándolo. Allí vio un enorme patio con gradas, se trataba de un coliseo, el túnel era el camino por donde entraban los luchadores a la arena. En el centro estaban Airine y Romneo luchando mientras la zona de combate se elevaba por los aires, antiguamente esa función se utilizaba para causar más expectación, porque si alguien caía seguramente se destrozaría contra el suelo.

- ¿Qué ves?- Preguntó Vonner inquieta.

- Vaya… chicos podemos colarnos por arriba, no hay tejado.- Contestó Luitán impresionado por el lugar.- Subid y ver esto.- Lanzó una cuerda, atándolas bien sujetas, para que alguno pudiera subir por ella.

- De acuerdo- Dijeron todos y comenzaron a subir como podían.

Al que más le costaba era al general Deine debido al peso de su armadura y por eso fue el que subió por la cuerda. Clouguel iba clavando su zamba en la pared para impulsarse con ella y, sin soltarla, se agarraba al muro con su mano libre. Vonner lanzó una flecha con una cuerda para luego trepar por ella. Areis saltó, impulsándose con la pared, con fuerza suficiente para llegar a la pared del edifico más cercano, luego saltó desde ahí para pegarle una patada al muro lo bastante fuerte como para hacer un agujero y poderse apoyar. Subió haciendo agujeros que le servían de agarre en el muro y trepando hasta que llegó arriba.

Según iban llegando iban observando asombrados el espectacular coliseo y sobre ellos a los dos luchadores, por desgracia ya estaban demasiado altos como para llegar ahí.

- Maldita sea. Es demasiado tarde, ya sólo podemos mirar cómo se matan.- Dijo furioso Clouguel mirando la plataforma.

- Mirad eso.- Decía Vonner señalando al mago con el rostro pálido.

Las nubes que se alzaban sobre Romneo habían desaparecido, el cielo estaba completamente despejado, pero ahora un extraño aura oscura estaba a su alrededor. Parecía como si esa oscuridad que les cubría hubiera descendido completamente y le hubiera envuelto. El combate estaba siendo muy intenso, más de lo que cabía esperar, y algo extraño le ocurría al dragón.

Airine parecía preocupada, estaba muy malherida, y estaba claro que era incapaz de ganar ese combate. Cada vez que se habían enfrentado, ya fuera entrenando o por otras razones, la ganadora había sido ella. Pero esta vez todo era distinto, parecía que se estuviera enfrentando a otra persona. Romneo agarró la lanza de la chica e intentó hacer el mismo truco que usó contra Brad y Wed, pero no funcionó, la lanza era resistente a ese tipo de hechizos. La asesina aprovechó ese momento para golpearle en el estómago con el asta y así tener tiempo suficiente para poder alejarse unos pasos de él. El mago se dobló un segundo por el impacto, escupió en el suelo y se irguió nuevamente dispuesto a seguir el combate como hasta ese momento.

La chica le miró a los ojos, ya no tenía la expresión de lástima del principio, ahora si quería luchar en serio.

- Lo siento, pero mi lanza está hecha del material especial. Es dura y resistente como ninguna y además inmune a magias, lo siento. Es una sensación como cuando tú tienes el fuego creado por ti en tu mano y no te quemas a no ser que tú quieras.

- ¿Eres Imbécil?- Preguntó con un tono muy frio, mirándola con un desprecio absoluto.

- ¿Qué?- Preguntó Airine sorprendida ante esa pregunta.

- He dicho que no hables. Quiero acabar con esto cuanto antes. ¡¿Lo has entendido de una maldita vez?!- Gritó el furioso dragón.

Romneo se lanzó a por Airine y comenzaron a luchar otra vez sin tregua. Las armas se cruzaban sin parar, ninguna alcanzaba su objetivo salvo algunos pequeños arañazos sin importancia. Pese a que la lanza era menos manejable que la espada de una mano del mago, la agilidad con la que la movía era asombrosa. Parecía un gran espectáculo con giros y piruetas. Bloqueaba y atacaba al mismo tiempo, si uno de los dos se detenía o se distraía un segundo, sería fatal. Una constante lluvia de conjuros era lanzada hacia ella, pero era inútil porque la chica los bloqueaba con la lanza, en alguna ocasión los desviaba o se los devolvía a su portador que se veía obligado a esquivarlos con gran destreza.

El grupo estaba muy preocupado por la tensión del combate, nada bueno podía salir de eso, fuera quien fuera el vencedor. Pero lo que más les preocupaba era el aura extraña que no paraba de crecer en torno al chico, les recordaba demasiado a la escena que habían visto sólo un par de días antes. Algunos estaban moviéndose de un lado a otro, intentando buscar la forma de bajar esa plataforma, o de poder subir a ella. Otros se dedicaban a gritar sin parar, intentando que se detuvieran, dándoles razones para que se acabara esa insensatez.

Era inútil. El combate continuaba, cada vez más sangriento, cada vez más potente. Parecía que a medida que avanzaba la lucha, ellos aumentaban también la energía que ponían en el combate. Romneo hizo un movimiento amplio, intentando cortar a la chica por la mitad, con lo que ella reaccionó saltando por los aires con todas sus fuerzas, elevándose sobre las nubes hasta que se la perdió de vista completamente. Era la mejor habilidad de la chica.

El dragón rojo observó el cielo impasible, completamente relajado y paciente, esperando el movimiento.

Pensaba Romneo desviando su mirada al suelo preparado para esquivar el ataque de Airine.

La ex-asesina de dragones bajó en picado hacia su adversario al cabo de unos segundos, como se esperaba que ocurriera, con esa velocidad era imposible verla directamente. Romneo pudo esquivarlo fácilmente esperando el instante en que apareció la sombra. El mago se alejó de un salto del punto en que iba a golpear, quedando a un par de metros de la chica, pero cuando Airine iba quedar clavada en el suelo hizo un movimiento rápido. Lanzó el arma con todas sus fuerzas hacia Romneo, que no se esperaba ese movimiento.

La lanza fue directa hacia el corazón y le dio de lleno atravesándole de un lado a otro.

Salió limpiamente.

El arma cayó al suelo, golpeando dos veces contra él y después todo se quedo en silencio. La sangre empezó a gotear muy lentamente. Las caras de todos los presentes se desencajaron incapaces de asimilar lo que acababan de ver. El mago se miró el pecho, vio su propia herida antes de escupir bastante sangre. Intentó reaccionar, pero la fuerza de su cuerpo iba desvaneciéndose lentamente, su arma cayó en el suelo, la magia que había empezado a concentrar en su mano se desvaneció en humo. Su dolor se convirtió en el dolor de sus compañeros, y tras unos instantes cayó al suelo con los ojos completamente abiertos, intentando respirar mientras la vida se iba lentamente.

- Lo siento mucho.- Decía Airine, más llena de dolor que nadie, mientras pasaba junto al cuerpo para coger la lanza.- No me dejaste otra elección.

- No…- Clouguel cayó de rodillas al suelo con el corazón comprimido, sentía como a él también le faltaba el aire. De sus ojos brotaron lágrimas, al igual que en el resto de sus compañeros.- No puede estar muerto… ¡Romneo! No puedes morir así imbécil, aún me debes la revancha recuerdas. ¡Esto no puede ser verdad!

Aunque Clouguel no conocía de hace mucho a Romneo se habían convertido en grandes amigos y el dolor que sentía por su pérdida era equiparable a la de un hermano.

3 comentarios:

Eärlindë dijo...

¬¬ quiero continuación ya ¬¬

Como puedes ser tan cruel de dejarlo asíiii!!!!!!!??? ¬¬

Russianwhite dijo...

Está programada la siguiente entrada para el día 20 a las 00:00 :D porque yo ya lo he leido :D

ódiame :D

Eärlindë dijo...

muerete natalia ¬¬ vamos que para el sabado por la noche... xDDD

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