Sexto datado: Los asesinos de dragones // Segunda Parte: Locura (2)

| |

Anterior


La agonía que había llenado el ambiente era demasiado grande. La ansiedad les llenaba y la presión era absoluta. Parecía como si el mundo entero hubiera decidido dejar un silencio sepulcral por el muchacho caído, incluso el llano que acababa de iniciarse parecía estar completamente ahogado. Nadie se atrevía a mirar al caído, era demasiado duro, el único capaz de alzar la mirada fue el ladrón. Pasaron unos segundos, aunque aparentemente había sido una eternidad, antes de que él alzara su azulado índice hacia la plataforma.

- Por todos los dioses, esto es imposible, mirad eso.- Decía Luitán alucinando. No sabía si alegrarse o asustarse.

Todos dirigieron sus miradas hacia el “cadáver” del mago en cuanto escucharon a su compañero. Casi caen para atrás del susto al ver que, aquel al que creían muerto, se estaba levantando como si no hubiera ocurrido nada, como si le hubieran pegado un puñetazo en el pecho, en vez de haberle atravesado de lado a lado. Miró hacia Airine con desprecio mientras se pasaba la mano por la herida. Al deslizarla se limpió la sangre, que se había vuelto negra por alguna razón, y bajo ella no había nada.

La herida se había curado sin dejar siquiera una pequeña marca, sólo quedaba de ella el agujero en la ropa y la armadura del mago.

La asesina de dragones dio un par de pasos hacia atrás, en parte estaba aliviada por saber que no había matado a un amigo, pero también estaba aterrada. Nadie normal habría sobrevivido a un golpe como ese, su corazón debería haber quedado hecho pedazos. “¿Qué demonios eres?” era la pregunta que se pasaba una y otra vez por la cabeza de la chica.

- No… es posible- Decía Airine aterrorizada.

- Vete a decirle a tu líder que ya me has matado, traidora.- La piel del dragón rojo se estaba volviendo muy pálida a medida que hablaba y se ponía de pie, de un tono gris, y su pelo se elevaba completamente ingrávido, colocándoos de punta para atrás y con un color más oscuro que la noche.

El iris de sus ojos se volvió de un rojo intenso, pero no el mismo que su materia, sino uno más oscuro, un rojo sangre. Parecía que su materia se hubiera llenado de oscuridad, como si el dolor que sintió al pensar en la traición hubiera llenado su magia con sus malos pensamientos. De pronto, todos los elementos que controlaba le rodearon formando un cinturón que iba en diagonal desde el hombro hasta la rodilla. No paraban de girar en torno al que los había convocado. Nunca habían visto a un hechicero manejar tantos elementos a la vez, era muy difícil controlar tanto poder sin que se desequilibraran.

Pero algo extraño comenzó a suceder, el cuerpo del mago comenzó a temblar ligeramente. Romneo se agarró la cabeza y los pequeños temblores de su cuerpo comenzaron a hacerse más intensos, desencadenando en convulsiones. Empezó a tambalearse, moviéndose sin rumbo mientras gritaba de dolor y desesperación. Cayó de rodillas en el suelo, golpeando la cabeza contra él una y otra vez. Todos le miraban sin comprender nada, y de pronto levantó la cabeza soltando un grito ensordecedor, capaz de aturdir levemente a sus compañeros, a la vez su musculatura aumentó enormemente rompiendo su armadura, mostrando de esta manera a su dragón ahora de un granate ardiente. Los ojos se le abrieron más que nunca, mostrando una expresión de locura que jamás habían visto, y se le rodearon de venas remarcadas. El blanco de sus ojos se le puso de un tono negro, del mismo color que su pelo, y el símbolo en su pecho se extendió por todo su cuerpo, dejándole algunos trozos grises y otros rojos, pero siendo imposible diferenciar la figura del dragón.

Una vez hubo terminado la transformación, cesó el grito y volvió a ponerse de pie con calma.

- Me parece que sólo has matado mis remordimientos. Lo único que me impedía matarte. Enhorabuena.- Dijo enloquecido Romneo con una macabra sonrisa en los labios.

El dragón rojo se inclinó nuevamente, colocó su mano en el suelo y, sin necesidad de decir nada, causó un terremoto terrible, mucho más de lo normal, haciendo volar por los aires a Airine. La plataforma soportó el temblor gracias a su material mágico, sino habría quedado hecha pedazos. Mientras la chica estaba en el aire, él lanzó sus conjuros más poderosos de rayo, fuego, hielo y agua apuntando directamente en la lanza. El arma absorbió toda la energía volviéndose incontrolable para su portadora y haciendo que fuera impulsada aún más lejos, logrando que se quedara al borde de la plataforma a punto de caer de una altura considerable.

La chica se veía completamente arrinconada, aún no era capaz de manejar su lanza y sus brazos estaban paralizados por la presión. Mientras tanto el mago se acercaba lentamente a ella, condensando el espacio a su alrededor, ejerciendo una presión difícil de soportar en su rival y destrozando el suelo donde pisaba.

- ¡Romneo detente!- Gritó Vonner intentando detener al mago. No había perdido la esperanza en que las voces le hicieran reaccionar como cuando durmió.

- Os he dicho… ¡Qué no interfiráis en el combate!- Gritó Romneo lanzando un rayo directamente a las gradas donde se encontraban todos sin siquiera mirar. Gracias a que el rayo iba descontrolado pudieron esquivarlo, pero la potencia de ese conjuro había dejado todas las gradas en ruinas.- Antes luchaba por venganza y por protegernos a todos de esta traidora. Pero ese era el otro Romneo, antes de “morir”. Ahora lo hago por diversión y no me importa mataros a todos si os interponéis en mi entretenimiento.

- ¿Pero... qué le pasa? No será eso… ¿Ha rebasado el límite de los mortales?- Decía Vonner inquieta llevándose la mano a la boca. No se lo había planteado, pero si la energía que obtenía una persona cuando rebasaba ese límite se ponía en su contra, era algo con lo que no tenían posibilidades de luchar.

- No, es muy distinto- Informaba Clouguel analizando a Romneo desde esa perspectiva.

- ¿A qué te refieres?- Preguntó Areis que no entendía al mercenario, para ella era exactamente igual.

- Tiene razón- Confirmo Luitán- Eso no es rebasar el límite.

- ¿Cómo pueden ustedes estar tan seguros? Acaso no ha aumentado su fuerza y sus habilidades. Fijaos, normalmente no tiene esa musculatura tan desarrollado. Tampoco posee ese aura ni esa magia.- Decía desconfiado el general.

- Sabemos de lo que hablamos ya que hemos sentido ese poder en nuestras propias carnes.- Aseguró Luitán mirando muy serio al general. Este se silenció de inmediato, porque nunca había visto al ladrón tan seguro de algo así.

- Verás, soldadito de plomo, cuando rebasas el limite pasan muchas cosas. Vale que aumente tu fuerza como le ha pasado a Romneo, pero controlas todas tus habilidades más que nunca y tu cuerpo también. Sientes que lo puedes hacer todo, nada te limita tu potencial y puedes pensar en un segundo mil cosas que puedes hacer. Tú controlas todo tu cuerpo, tu cerebro, tus músculos, tu magia, tus habilidades. Todo, mejor que nunca.- Explicaba el mercenario sin dudar un segundo de sus afirmaciones e intentando que todos entendieran tan bien como él lo que pretendía decir.- Romneo no se controla a sí mismo, algo superior a él lo hace desde el subconsciente controlando su voluntad y sus movimientos. Es todo lo opuesto. No tiene la calma que se siente en ese estado, su estado es superior a él.

- Entonces. ¿Qué le pasa?- Preguntaba preocupada Vonner.

- Es lo que le pasa cuando duerme, cuando su cerebro hace un millón de cosas que no controla, tiene completamente anuladas sus defensas y hace que eso que tiene en el inconsciente le posea, ahora está consciente, pero su ira, junto con su “muerte”… se le han anulado las defensas y esa cosa a poseído consciencia. No se ha descubierto en ninguno de los pocos casos que ha habido de que se trata… Si es lo que yo creo que es generalmente lo llaman… Locura.- Explicó el mercenario que ya le habían hablado mucho de ese tema hacia un tiempo ya.

- ¿Locura? Escuché algo de eso, pero creo que sólo ha habido tres o cuatro casos en toda la historia, pero la mayoría fueron causadas por un conjuro que casi nadie controla y que es terriblemente poderoso. Casos en que se desarrolle desde el nacimiento... escuché que sólo se descubrieron en un niño llamado Shinirot hace veinte años aproximadamente.- Recordó la princesa que también sabía de que estaba hablando su compañero.- ¿Hay cura?

- Sólo él puede curarse, recuperando su yo. Al menos eso escuché.- Dijo Clouguel muy serio.- Tampoco ha habido casos suficientes como para que se desarrollara un remedio.

Mientras todos hablaban, Airine estaba sufriendo los golpes y los hechizos demoledores del dragón rojo. La chica estaba aguantando de milagro, tenía la armadura prácticamente destrozada, los cortes de la espada ya le habían llegado a la piel. La magia impactaba sobre ella una vez tras otra, causándole tanto daño que no paraba de escupir sangre, pero eso no detenía al dragón rojo. Realmente parecía que todos sus sentimientos habían desaparecido por completo, podría haber acabado con ella en cualquier momento, simplemente empujándola un poco. Ella estaba tan acorralada que simplemente podía bloquear algún golpe con su lanza, e incluso al cabo de un tiempo perdió esa capacidad cuando el enloquecido hechicero la desarmó con un hechizo de fuego directo a las manos.

Aún así no se detuvo.

Frente a su rival indefensa continuó hiriéndola una vez tras otra, sin llegar a hacerle siquiera una herida mortal, sólo con la intención de hacerla sufrir un poco más. La armadura acabó por caérsele a trozos cuando la golpeó una onda de viento cortante que tenía la fuerza de un tornado.

La vista de la chica empezaba a distorsionarse, volviéndose completamente borrosa, el dolor la estaba haciendo perder el conocimiento. Sus movimientos se estaban volviendo cada vez más pesados, hasta que el mero hecho de mantenerse de pie era una proeza física para ella.

Las piernas le fallaron cuando una ola de agua le golpeó. Utilizó sus últimas fuerzas para caer de rodillas hacia adelante y no salirse de la plataforma. En ese momento sí que no tenía ninguna posibilidad de defenderse y parecía que su adversario estaba de acuerdo en eso.

- Ahora, muere.- Ordenó Romneo con una enorme sonrisa en los labios.

El mago se disponía a atravesar con su espada a Airine, sin importarle dónde, sólo que fuera un golpe mortal. Todo se quedó en silencio mientras la espada iba directa hacia su cara, incluso los gritos se vieron ahogados debido a la desesperación, entonces todo se paró.




.
.
.




Romneo detuvo la espada frente al ojo izquierdo, como si una fuerza le estuviera agarrando, y comenzó a temblar de nuevo. Estaba teniendo el mismo proceso que al principio, exactamente igual. Todos lo miraron, incluso Airine parecía haber recuperado la consciencia por la sorpresa, y vieron cómo soltaba la espada y se echaba para atrás abrazando su propio cuerpo contraído por el dolor.

- El dragón… me arde…está ardiendo.- Poco a poco empezaba a volver a la normalidad. Su musculatura volvió a ser como antes, junto con todos sus demás rasgos, cayó de rodillas al suelo y comenzó a vomitar sangre medio agonizante.- Este dolor… es insoportable… no puedo más, me falta el aire.- Empezó a moverse agónicamente hasta quedar tumbado bocarriba sin dejar de contraerse.- …Airine… lo siento, no sé que me ha pasado... lo juro.- Comenzó a llorar y a gritar por el dolor que sentía, era como si su cuerpo estuviera envuelto en llamas mientras que el dragón estaba volviendo a su tamaño normal.

- Romneo… no pasa nada, ahora habrá que intentar calmar ese dolor.- Airine se acercó, poco a poco, cojeando y tambaleándose hacia su amigo. Por fin había pasado todo.

Pero antes de que llegara, una onda expansiva la alejo de él y la plataforma bajó a toda velocidad. Tan rápido que impactó contra el suelo haciendo que los dos que estaban en ella volaran por los aires.

- ¿Qué pasa ahora?- Decía Romneo alzando la cabeza con dificultad una vez que cesó el dolor, intentó ponerse de pie pero eso le resultó muy complicado, el dolor era muy fuerte todavía y le costaba mantener el equilibrio. Rápidamente intentó caminar, ir hacia su amiga, pero se dio cuenta de que no podía moverse, de que estaba metido en un campo de energía que rodeaba impidiéndole completamente el paso.- ¿Qué demonios pasa ahora?

Se escucharon unos pasos pesados avanzando hacia ellos.

- Creo que esto me será muy útil.- Dijo la voz del líder de los asesinos de dragones acercándose lentamente, aplaudiendo mientras el sonido de sus pasos sonaban tan fuerte como sus palmadas. Estaba entrando a través de un túnel frente al que cruzaron Romneo y Airine.- Nunca pensé que el que escucharas esa conversación distorsionada daría tan buenos resultados. Ahora sólo me falta matar a Airine y controlar ese poder que tienes, Romneo Seifka. Ahora sé quién eres y por qué me sonaba tanto tu apellido. Nunca pensé que llegarías tú solo aquí y caerías en mis redes.

- ¿De qué hablas? Tú no eres más que un loco.- Gritaba Clouguel sacando la zamba y saltando de las gradas para quedar frente a frente con Plabios.

- Seifra… Kasien… esos nombres son la clave.- Comentó con una sonrisa en los labios.- Pero supongo que nunca lo entenderéis, os he traído diversión a vosotros también y aprovecharé para poder apoderarme también de la materia blanca, moriréis todos en un momento. Nunca pensé que podría obtener tanto beneficio con una visita vuestra.- El líder chascó los dedos y aparecieron cientos de asesinos de dragones armados listos para luchar.- Adiós… “Portadores de la materia blanca”, vuestro viaje, con todas sus penalidades, ha sido completamente inútil.

Todos observaban impotentes el giro que había dado la situación, todo se había complicado más de lo que jamás hubieran esperado. Ese sitio donde habían sido tan hospitalarios con ellos se había convertido en una trampa mortal. Veían cómo cientos de asesinos de dragones se disponían a luchar contra ellos, armados con sus lanzas especiales, y a acabar con sus vidas sin inmutarse. Sin esperárselo habían sido partícipes de un complot, de una guerra entre dos clanes cuyos inicios se pierden en la memoria. Las ansias de victoria de Plabios le habían cegado hasta el punto de no preocuparse de otra cosa, el líder de los asesinos de dragones se disponía a acabar con Airine, una compañera que él mismo había introducido en la orden con gran esfuerzo y a la que había criado como a su propia hija.

Sólo pensaba en apoderarse de la materia blanca para unos fines que ninguno entendía, nadie sabía por qué todos tenían ese ansia en obtenerla que ni siquiera les hacía plantearse el porqué de su división. Romneo se encontraba encerrado en una barrera que lo inmovilizaba y no podía escapar de ella. Se había hecho cada vez más estrecha hasta el punto de que no podía ni siquiera moverse un paso hacia adelante.

¿Para qué querían los asesinos de dragones la materia blanca? ¿Quiénes eran esos Seifra y Kasien de los que había hablado Plabios? ¿De qué clave estaba hablando y qué quería de Romneo? Todas esas dudas se acumulaban sin encontrar respuesta en las mentes de todos. Y no estaban en una situación en la que pudieran pararse a pensar.

2 comentarios:

Eärlindë dijo...

Quiero máaaaaas!!!!

Ultimamente estas siendo muy cruel al cortarlos ¬¬

Pero mola *_*

Russianwhite dijo...

A ver si me pasa ya el nuevo cap >_<

Publicar un comentario

Envía tus preguntas sobre Leyendas de Intelon!

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.