Sexto datado: Los asesinos de dragones // Tercera Parte: Batalla contra los asesinos de dragones

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Airine estaba furiosa y decepcionada, hasta hacía un tiempo hubo tomado a Plabios como un auténtico padre, como un gran líder y hombre. Pero todo debía ser producto de sus expectativas, porque el hombre al que ella conocía nunca habría hecho tanto daño por un simple objeto.

- Tú… Lo tenías todo planeado desde un principio.- Decía la ex-Asesina de dragones mientras se levantaba como podía, después de tantas heridas acumuladas en su combate anterior. – ¿Cómo sabías que Romneo y yo lucharíamos?

- Es simple.- Empezó esbozando una sonrisa.- ¿Sabes? es muy fácil manipular el cerebro humano, es terriblemente fácil. Él es Romneo Seifka, conocido entre los suyos como el dragón incansable, porque en su expediente consta que en toda su vida ha dormido dos veces así que resulta evidente que aquí tampoco iba a dormir. Me di cuenta de que estaba escuchando y procuré no desvelar ninguna información importante de modo que lo importante de nuestra conversación estuviera en el lenguaje no verbal. Si escuchas una conversación sin los gestos ni los movimientos no puedes saber todo el contenido de la misma. En nuestro caso, debido a que me hablas de usted, parecía que estabas hablando de ellos así que se vio distorsionado el significado. Si una persona no duerme tiende a desarrollar paranoias con facilidad. Fue muy sencillo.- Comentaba entre carcajadas.- Pero eso ya no importa, lo único importante es que os mataré a todos y me apoderaré de los dos fragmentos de materia blanca. Aunque aún estoy dudando si quedarme con Romneo para que sirva a mis fines, creo que Seifra y Kasien no me fallarán.

- ¡Estás loco!- Decía Romneo golpeando levemente la barrera como podía, aunque cada vez su movilidad era más reducida.

- ¿Qué?- Preguntaba el líder mientras sacaba su magnífica lanza azul y apuntaba al indefenso dragón con ella. - Creo que empiezo a hartarme de todo esto. ¡Por Hades! Me habéis llamado loco dos veces en un par de minutos. Romneo, tienes un destino importante por cumplir, te lo aseguro. Yo podría ayudarte a hacerlo, serás alguien grande, un héroe que salvara cientos de vidas a mi lado. Qué decides, ¿morir, o unirte a mí?

El chico miró al hombre que le tenía apresado mientras apretaba los puños hasta que las heridas de sus brazos volvieron a sangrar.

- Me das a elegir entre morir o ver cómo mis amigos mueren. ¿Pretendes que mire cómo haces que sufran sin poder hacer nada y luego te ayude a ti? A su asesino.- Decía Romneo mirando al suelo con una sonrisa audaz y la mirada perdida.

- Sí. – Decía el líder de forma aparentemente agradable extendiendo su mano aunque sabía que el mago no podría tocarle. Lo había afirmado con total naturalidad, como si fuera completamente incapaz de asimilar las barbaridades que estaba cometiendo en ese momento.

- Entiendo.- Romneo levantó la cabeza expresando una gran ira en su mirada y absoluto desprecio hacia la persona que tenía delante.- ¡Trágate tu falsa piedad y deshazla con tu lengua viperina, vil víbora! ¡Tú no eres más que una serpiente inmunda, un psicópata, un loco! ¡No puedo ver cómo matas a mis seres queridos y quedarme quieto, y mucho menos unirme a ti! ¡Te juro, que si muere uno sólo de ellos perseguiré y mataré a todos y cada uno de tus siervos!- Su voz expresaba su profundo odio y su desesperación mientras golpeaba sin parar la barrera invisible intentando quebrarla inútilmente.- ¡Después me encargare de ti personalmente!

La expresión amable de Plabios se tornó seria y sombría mientras bajaba lentamente la mano que había extendido hacia su prisionero. Después se alejó un par de pasos de él mientras, todos los demás incluida Airine, llegaban hasta el lugar donde estaba apresado.

- Ya es la tercera vez que me llamáis loco. Bien, si esa es tu respuesta, que empiece la matanza, pero creo que tú no vas a luchar y algunos de tus amigos…- Decía el líder observando como el grupo se acercaba a Airine y Romneo con una expresión de odio manteniendo una posición defensiva.-…tampoco.

- ¿Qué quiere decir este loco?- Dijo Luitán cuando ya estaba al lado del inmóvil dragón. El asesino de dragones le miró con los ojos completamente desorbitados al escuchar la pregunta.

- Digo que no podréis luchar algunos de vosotros, porque vais a estar tan paralizados como él.- El líder volvió a chasquear los dedos y el suelo se fue abriendo lentamente por la zona donde se encontraba el dragón rojo.- Escapad de ahí como podáis.

- Maldición yo no puedo moverme, huid vosotros.- Decía el mago inmóvil viendo que el suelo desaparecía bajo sus pies y que caería en unos segundos en un foso.

- Lo siento Romneo, volveremos para sacarte.- Gritaba Airine mientras daba un salto inmenso y caía frente su ex-líder. Aún estaba muy dolorida, pero ahora tenía una razón que la había hecho recobrar las energías, al menos temporalmente.- Morirás.

- Inténtalo, estás agotada por tu anterior combate en el que casi mueres, por si no lo recuerdas. Es un milagro que hayas podido ponerte en pie.- Decía el líder a la vez que estiraba lentamente el brazo en el que portaba la lanza. La chica lo esquivó con gran facilidad pero estaba claro que cualquiera lo habría hecho.

El combate había dado comienzo, pero Plabios ni siquiera agarraba la lanza con las dos manos, estaba claro que estaba dando algo de ventaja a la chica, o quizá simplemente se quería divertir un rato. Movía la lanza torpemente y de manera completamente aleatoria mientras era esquivado y bloqueado, sin embargo cuando ella le lanzaba un ataque manifestaba su agilidad esquivándolos con gran facilidad.

Antes de que eso ocurriera, después de que la chica saltara, Romneo caía por el foso que se estaba abriendo cada vez más a sus pies en unos segundos. En el último momento la barrera que le rodeaba se desvaneció para que pudiera caer por el agujero.

- No, Romneo.- Vonner saltó y en el aire lanzó una flecha con una cuerda que se clavó en las gradas.

- ¿Qué piensa hacer princesa?- Preguntaba Deine mientras corría para no caer en el foso. Por suerte era el que más lejos estaba del mago y pudo correr lo bastante lejos.

- ¿No iras a…?- Preguntaba Clouguel a la vez que clavaba su zamba en una pared y se colocaba de pie en el filo para no caer.

- Lo siento, pero ya está hecho.- Decía Vonner mientras caía agarrada a la cuerda. Antes de que las paredes del hoyo le cubrieran la vista, se sintió aliviada viendo a Luitán y a Areis dando volteretas en el aire evitando caer por el enorme agujero.

Todos se habían salvado de caer.

- Ten cuidado Vonner.- Gritaba Luitán mientras se agarraba a una pared.

La princesa cayó al foso aferrando con todas sus fuerzas la cuerda, pero por desgracia la altura del foso era mayor de la que había esperado y soltó el cabo a medio camino del suelo. Estaban metidos sin ninguna salida aparente.

El hoyo era bastante ancho, aunque después de que habían caído en él había disminuido sus dimensiones mágicamente, y estaba lleno de barro así que la caída no fue tan dolorosa como esperaban. La cuerda se encontraba a unos cuantos metros de distancia respecto a Vonner y Romneo. El dragón retorciéndose porque los dolores habían vuelto a surgir. La chica se acercó a él ayudándole a ponerse de pie y curándole un poco.

- Romneo… Al menos aún estamos vivos, conseguiremos salir de aquí… Ya lo veras.- Dijo Vonner intentando dar esperanzas a su compañero, y a sí misma.

- Vonner, no deberías estar aquí- Decía Romneo entre quejidos.

Mientras tanto, los demás ya se encontraban preparados para el combate contra los asesinos que se lanzaban contra ellos dispuestos a todo. Airine se enfrentaba a Plabios, aunque sus posibilidades parecían nulas debido al poder que poseía él y lo debilitada que ella estaba. El ejército de asesinos se disponía a aplastar a sus oponentes, a los que masacraban numéricamente. Al principio no les resultaba muy difícil quitárselos de encima, los primeros en atacar eran los de menor rango, no eran capaces de soportar un golpe potente de la zamba del mercenario o de esquivar los agiles movimientos de Luitán. Pero, poco a poco iban atacando los de mayor nivel, los que eran capaces de soportar los puños de Areis sin doblarse o de atravesar la defensa de Deine. Cada uno tuvo que duplicar o triplicar sus esfuerzos, utilizando todos los recursos de los que disponían. Clouguel y Luitán ansiaban rebasar el límite para sacarles de esa, pero no tenían ni idea de cómo lo habían hecho la primera vez. El mercenario agotaba su energía utilizando la vigilia con todos los enemigos que podía para poder ver más claridad sus movimientos, pero aún así era inútil esquivarlos a todos y mucho más atacarles. El necromeriano estaba junto a la doncella, intentando que combinar la agilidad de ambos para conseguir una defensa y una ofensiva más efectiva. Pero la diferencia era abrumadora, cada uno tenía encima a diez asesinos como mínimo, Deine decidió utilizar sus fuerzas sobretodo en la defensa, que era su punto fuerte.

Entonces el cielo se puso negro.

Un grupo de asesinos de dragones cubrían el sol en lo alto antes de caer con todas sus fuerzas sobre los enemigos. Los que estaban en el suelo se apartaron de los portadores de la materia para asegurarse de no salir heridos, aunque alguno no corrió esa suerte. Fue una lluvia de acero, completamente descontrolada, más de veinte asesinos se habían dejado caer. Los que salieron mejor parados fueron el general, que gracias a su armadura y a algunos movimientos sólo tenía algunas heridas poco profundas, y Clouguel que había colocado la zamba para cubrir su cuerpo y sólo tenía algunos rasguños. Sin embargo Areis y Luitán sólo pudieron esquivar con su agilidad, no tenían ninguna protección. Aunque no recibieron heridas en zonas vitales, la chica acabó con el muslo derecho atravesado y muchos cortes profundos en todo el cuerpo, el ladrón estaba destrozado, lleno de cortes y con ambos hombros atravesados mientras chillaba de dolor.

Sin dudarlo un instante, el mercenario cortó por la mitad a todos los asesinos de dragones que ahora estaban indefensos tras la caída y sin pensarlo acudió rápidamente a ayudar a Luitán. Lo mismo hizo Deine con la doncella. Les quitaron las lanzas de las zonas atravesadas y taponaron las heridas con inmediatez, antes de que se les volvieran a abalanzar, pero ahora la desesperación era aún mayor.

De pronto, de entre los enemigos, comenzó a salir humo y una explosión hizo que los asesinos se desorganizaran y mirasen hacia el centro de la explosión donde había aparecido alguien misterioso sin que nadie supiera de dónde, esa persona comenzó a matar asesinos de dragones sin piedad. La sangre salía por todos lados y no parecía que infligieran ningún daño al desconocido agresor. De pronto el guerrero saltó mostrándose, era un hombre cubierto de vendas, con el pelo larguísimo, armado con una zamba que desprendía una extraña luz por el centro.

¡Era Neimles!

Y el arma que portaba, por increíble que pareciese, era la zamba que destrozó a Clouguel en el torneo.

1 comentario:

Eärlindë dijo...

Por fin!!!!!!!


Jouuu molaaaa quiero nuevo capitulo >.< xDDD

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